En una entrevista radiofónica un famoso crítico cinematográfico catalogaba a los directores de cine como vendedores de humo. Tipos que con un guión bajo el brazo vendían humo, castillos de naipes, pero sobre todo ilusiones capaces de seducir a los inversores para conseguir la financiación de sus películas.
En este capítulo veremos cómo nuestros vendedores de humo favoritos lidian con la famosa ley de Murphy durante el rodaje de su cortometraje. Asistiremos a la aparición de Cantalejo, el hombre de hierro y también seremos testigos de cómo las leyes de la atracción son extrañas. Simplemente actúan sobre nosotros en los lugares más insospechados. Una boda, una novia, un lavabo…









Esta muy bien este capitulo, me ha gustado mucho. Vaya elemento el Sr. Cantalejo.
suerte y a por el 3ro.
Muy bien, chicos. Me gusta el color que toma la cosa.
Lo de la boda no lo acabo de pillar. ¿el novio es el Ulises?
Bueno, ¡ya tengo ganas de ver el siguiente!